CONSEJO PATERNO

Esta historia es muy ilustrativa, más que nada porque delata a uno de mis más fervientes detractores en la actualidad, tan empeñado él en enfrentarse a cada cosa que digo o hago por donde ando. Su nombre es lo de menos. Sólo él mismo se reconocerá a si mismo y cuando lea esto, que lo hará. Vive en eso ahora.

Era la noche del pase de preliminares a semifinal. La plaza de Fragela estaba abarrotada. Yo hacía mi comparsa “Los Acuarela”. En aquel instante me encontraba solo es una esquina de la plazoleta, con una cervecita y saludando de vez en cuando a algún amigo que se cruzaba. Pero mi atención estaba fijada en un corrillo de 5 ó 6 chavales en torno a un personaje que, en medio de ellos, gesticulaba y parecía llevar todo el peso de la conversación. Los muchachos, de entre unos 15 ó 16 años más o menos sólo escuchaban. Mientras tanto aquel sujeto no paraba de hacer aspavientos y aparentaba hablar muy efusivamente. Lógicamente no le oía porque estaba algo distante, pero sabía que después me enteraría de qué estaba relatando él con tanto énfasis. Por supuesto, sabía quien era, de alguna vez anterior que alguien me dijo “ese es tal y cual, un auténtico creído”. Me quedé con la redondez de su cara y esa mueca de importancia que siempre lleva. Total, que al poco rato se acerca mi hijo, por cierto, uno de aquellos chavales del corrillo y me dice al verme sonreír “No veas, papá, que tío más coñazo ese!”. “Sí, ya me lo imagino” le respondí. “¿Y qué contaba tan adornado como estaba de mímica con vosotros?” pregunté a mi hijo. Entonces él me explicó que aquel sujeto les había estado hablando sobre promesas carnavalescas, que él era una especie de profeta de los jóvenes en las categorías de júnior. Que podía llevarles al estrellato, a la fama de la copla juvenil porque él había sido tal y cual y hecho no sé cuantas proezas en dicha modalidad. Que si ellos, aquellos chavales, algún día quisieran llegar a lo más alto no tenían más que contactar con él y sus sueños se harían realidad, porque además se daba la circunstancia de que él había sido el artífice y creador de muchos actuales comparsistas, quienes, prácticamente, les debían en exclusividad lo que eran ahora.

Pero eso no fue todo. Mi hijo además me dijo que, sin venir a cuento de nada, se declaraba un enemigo consolidado de Bustelo, o sea mío, por haber empezado yo también y carnavalescamente en juveniles. Lo malo para él es que ignoraba que mi hijo era uno de aquellos chavales en el corrillo. Sus compañeros, los otros muchachos, callaron y no desvelaron tampoco su identidad. Y entre todos se sonreían escondiendo la circunstancia. El sujeto continuó poniéndome a parir de todas sus maneras posibles, como si un desahogo vital fuera. En fin… todo un cantazo del diez.

Mi hijo me preguntó por el qué le había hecho yo para que hablase así de mí. Entonces yo le respondí: “Mira, hay gente en el Carnaval que, sabiéndose pequeños fracasadetes, lo que único que ya les queda es hablar y hablar y hablar. Bla, bla, bla… porque nunca hicieron nada que fuese digno de mención ante un público. Es su único modo que les queda para sentirse “alguien”. Sólo enseñan propaganda de lo que soñaron ser un día pero nunca lograron. Y por eso, de paso, detestan tanto a los demás que sí han sonado algo más que ellos. Escriben auténticos discursos prosistas que no llevan más que al egocentrismo más radical. Porque escriben mucho ¿sabes?, aunque de Carnaval poco, muy poco. Lo que escriben siempre es sobre los demás y mal, para sentirse un poco más altos en su enanismo, en lugares públicos y por encargo de otros que no tienen más de lo que echar mano. Y encima algunos, justo como ese al que has oído hablar, van de guitarreros, tan expertos guitarreros que son capaces de decir que un Do menor es un La menor con cejilla en el tercer traste, “pa” que les comprendan, tal como dicen. Total, que ni caso a esa gentuza. Siento que esta noche hayas conocido un vivo ejemplo”.

Y le invité a un refresco. Y a sus amigos. Luego miré hacia donde estaba aquel sujeto y le vi, entonces con otros chavales distintos y en torno suyo. Soñando nuevamente.

Saludos a J.P. un admirador de mis cosas.